
Como se ha dicho anteriormente, la moral es una serie de pautas que rigen lo que está bien o lo que está mal dentro de la sociedad. La moral es inflexible y ve los hechos de manera general, sin analizar cada caso por separado.
La ética, en cambio, no etiqueta a los hechos de malos o buenos sino que analiza las causas y otros factores que llevaron a la persona a cometerlos.
Esto puede ocasionar que la moral sea cuestionada con gran frecuencia y que la gente busque otras religiones u otras ideologías cuyos principios o moral se parezcan a los propios o a los que se desearía poseer.
Este cuestionar es consecuencia de nuestra calidad curiosa y es necesaria para realmente estar convencidos de algo. Por ejemplo: Nacimos en una sociedad católica y se nos inculcaron dichos valores y costumbres. Si seguimos esa ideología sólo por que se nos dijo que así tenía que ser estamos actuando como borregos sin capacidad de decisión. Es necesario entonces cuestionar, analizar y "pensar la moral" para poder decidir si seguimos con tal ideología y convencernos de que es en verdad lo que queremos o buscar otra.
Cabe aclarar, sin embargo, que no se trata de una decisión fácil ya que para estar convencidos de lo que queremos debemos salir de nuestra burbuja, explorar y conocer más allá, para entonces saber de lo que estamos convencidos y de lo que no estamos convencidos.
Como conclusión: Pensar la moral es cuestionar y reflexionar sobre la propia moral para decidir si estamos convencidos de seguirla y nos reconocemos en ella y razonar por qué la estamos siguiendo.
La ética, en cambio, no etiqueta a los hechos de malos o buenos sino que analiza las causas y otros factores que llevaron a la persona a cometerlos.
Esto puede ocasionar que la moral sea cuestionada con gran frecuencia y que la gente busque otras religiones u otras ideologías cuyos principios o moral se parezcan a los propios o a los que se desearía poseer.
Este cuestionar es consecuencia de nuestra calidad curiosa y es necesaria para realmente estar convencidos de algo. Por ejemplo: Nacimos en una sociedad católica y se nos inculcaron dichos valores y costumbres. Si seguimos esa ideología sólo por que se nos dijo que así tenía que ser estamos actuando como borregos sin capacidad de decisión. Es necesario entonces cuestionar, analizar y "pensar la moral" para poder decidir si seguimos con tal ideología y convencernos de que es en verdad lo que queremos o buscar otra.
Cabe aclarar, sin embargo, que no se trata de una decisión fácil ya que para estar convencidos de lo que queremos debemos salir de nuestra burbuja, explorar y conocer más allá, para entonces saber de lo que estamos convencidos y de lo que no estamos convencidos.
Como conclusión: Pensar la moral es cuestionar y reflexionar sobre la propia moral para decidir si estamos convencidos de seguirla y nos reconocemos en ella y razonar por qué la estamos siguiendo.
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